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Pyanfar puso la mano en el hombro de Hilfy y asintió.
-Iré contigo -dijo, y ante ello Hilfy pareció a la vez aliviada y complacida-. Geran -
dijo Pyanfar, volviéndose hacia el tablero de comunicaciones y transmitiendo a toda la
nave-, Geran.
La voz de Geran surgió del comunicador, acusando recibo de la llamada.
-Geran, encárgate otra vez de la guardia en la cubierta inferior, Hemos recibido
nuevas noticias. La capitana de la Buscaestrellas ha muerto, al igual que dos tripulantes.
Hilfy y yo vamos a la nave que las ha rescatado; si lo desean traeremos aquí a las Faha.
Carece de sentido dejar que los mahe las hagan pasar por el tormento de tos interrogatorios
y los formularios de costumbre.
Un instante de silencio y luego un dolorido asentimiento.
-Vamos -le dijo Pyanfar a Hilfy, yendo hacia el ascensor. Hilfy caminaba muy
erguida y su rostro estaba serio: habían sido malas noticias para ella, cuando se había ido a
dormir pensando que las cosas iban mucho mejor, pero al menos parte de la tripulación
Faha se había salvado y en algunos instantes de las horas anteriores ni de eso habían tenido
esperanza.
Otro asunto que añadir a la lista pendiente de los kif para cuando llegara el momento
de exigir el pago necesario. Pero si ahora había kif por los alrededores (y quizá los hubiera
en los límites del sistema, jugando el mismo juego que Pyanfar había practicado en Urtur),
deberían estar esperando un momento en el que pudieran tener ventaja, algún momento en
el que no hubiera cinco patrulleras armadas de los mahendo'sat cruzando el espacio
regularmente.
La comunicación no había despertado sólo a Geran. Tirun estaba también levantada
en la sala de operaciones cuando bajaron hacia la escotilla. Geran se ocupaba ya de la
guardia y Chur estaba con Tully, el cual parecía vagamente inquieto ante aquella actividad
que no alcanzaba a entender del todo. Haral apareció a toda prisa por el corredor.
-Quiero ir, si es posible -le dijo y Pyanfar asintió, agradeciendo el que se lo hubiera
pedido.
-Ahí fuera hay kif -dijo Pyanfar-, y no pienso dejar que me sorprendan dos veces con
el mismo truco.
-Tened cuidado -les dijo Tirun en tanto se iban y en la esclusa, mientras Haral abría
la compuerta exterior, Pyanfar se quedó atrás unos segundos, el tiempo suficiente como
para permitirle coger la pistola que había junto al comunicador y guardársela en el bolsillo.
-No hay que pasar por ningún detector -dijo Pyanfar-. Vamos.
La compuerta se había abierto y el grupo bajó por la rampa hasta llegar al muelle. A
su izquierda se oía un zumbido de motores: la Luna Creciente seguía con sus operaciones,
descargando la mercancía, y los recipientes eran manejados por estibadores mahendo'sat y
no por la tripulación hani.
-Quizás hayan ido también a ver a las Faha -opinó Pyanfar, percibiendo que no se
veta por el lugar a ninguna hani supervisando la operación. Después de todo, ese acto de
cortesía era de esperar: cuando una nave hani sufría tal desgracia, los asuntos políticos
quedaban a un lado.
-No hay mucha actividad -dijo Haral.
Era cierto. Normalmente los enormes muelles habrían estado ocupados por un
bullicioso tráfico a pie pero hoy apenas si se veía alguna silueta de vez en cuando y la
agitación que rodeaba a la Luna Creciente era la única que se veía prácticamente en toda la
vasta curvatura del muelle. Los estibadores y los empleados mabe hacían una pausa en sus
tareas al verlas pasar. Los stsho formaban pequeños grupos que hablaban en murmullos.
También los kif anda ban por ahí, como era de esperar, formando un grupo junto a la rampa
de acceso a una de sus naves como un amasijo de telas negras: siete; no, ocho, sin alejarse
demasiado de sus recipientes, profirieron algunos insultos al verlas pasar.
Y al oír uno de esos insultos a Pyanfar se le agitaron rápidamente las orejas y se
detuvo en seco, intentando convencerse a sí misma de que no había oído lo dicho o que no
lo había entendido, Él lo sabe, ladrona hani. ¿Cuántas naves hani harás que sean
destruidas todavía?
-Capitana -murmuró Haral, y Hilfy empezó a volverse.
-Mira hacia adelante, por los dioses -siseó Pyanfar, cogiendo a Hilfy por el brazo-.
¿Quieres empezar una pelea contra tantos kif?
-¿Qué hacemos? -preguntó Hilfy mientras seguía caminando, obediente, entre ellas
dos-. ¿Cómo pueden saberlo?
-Porque una de esas naves kif es la suya, chiquilla; vino aquí desde Kita y ahora
Akukkakk ha conseguido que otras naves le ayuden. Cuando nos marchemos saldrán
disparadas de aquí como un enjambre de esporas y ahora nos encontramos atascadas en el
muelle hasta que terminen las reparaciones, así nos ayuden los dioses.
-Es posible que fueran ellos los que atacaron a la Buscaestrellas. Me gustaría...
-A todas nos gustaría, pero tenemos más sentido común que tú. Venga, sigue
andando.
-Si nos cogen en el muelle...
-Más razones para que llevemos las supervivientes a bordo y salgamos de prisa. Me
temo que tampoco aquí podrás disfrutar tu ración de libertad, chiquilla.
-Creo que podré pasar sin ella -murmuró Hilfy.
Siguieron andando por entre las grúas, pasando junto a grupos de obreros ociosos,
hasta llegar al dique número cincuenta y cinco, donde se había congregado cierta cantidad
de mirones, una oscura confusión de mahendo'sat cuyos cuerpos delgados y cubiertos de
oscuro pelaje hacían bastante difícil distinguir nada con claridad. Entre ellos había personal
médico así como empleados de la estación, a los que delataban sus faldellines y sus lujosos
collares enjoyados.
Y, naturalmente, también había hani. Pyanfar se abrió paso a codazos por entre el
gentío y distinguió una melena broncínea y una oreja cubierta de adornos brillantes,
dirigiéndose hacia ella seguida por Hilfy y Haral.
-Ya era hora de que acudieras -le dijo Dur Tahar al verla.
-Ocúpate de tus propios asuntos -le dijo Pyanfar-. Mi sobrina es Faha.
Dur Tahar miró brevemente hacia Hilfy sin hacer ningún comentario.
-La Hasatso debe llegar de un momento a otro -dijo. [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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