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Amalric condujo el camello y el caballo hasta un patio cercano donde creca la hierba, y el agua
manaba de una fuente rota y caa en un cuenco de mrmol. All ató a los animales. Luego siguió a
Lissa. La joven lo tomó de una mano y lo llevó a travs del patio hasta una puerta en forma de arco.
Haba cado la noche y las estrellas titilaban a lo lejos.
Lissa atravesó una serie de oscuras habitaciones, movindose con seguridad. Amalric caminaba
detrs de ella, tomado de su peque a mano. La ventura no le resultaba placentera. En aquella espesa
oscuridad haba olor a polvo y a decadencia. Sus pies pisaban quebradas losas y desgastadas
alfombras. Su mano libre tocó unos puros desconchados. A travs de un techo roto brillaban las
estrellas y pudo ver un salón, en el que colgaban unos tapices podridos que se agitaban bajo la suave
brisa.
A continuación entraron en una habitación tenuemente iluminada por la luz de las estrellas que se
filtraba por las ventanas abiertas, y Lissa le soltó la mano. La muchacha tanteó en la semioscuridad y
luego encendió una luz muy dbil. Era una especie de globo de cristal que brillaba con un resplandor
dorado. Lo dejó sobre una mesa de mrmol y le hizo una se al a Amalric para que se reclinara sobre un
divn cubierto de seda. Lissa, despus de buscar en oscuros rincones, apareció con una jarra de vino y
con una bandeja que contena comidas extra as. Haba dtiles, pero los dems frutos, plidos e
inspidos, le resultaban desconocidos. El vino tena un sabor agradable, pero no era ms fuerte que el
agua.
Sentada sobre un taburete de mrmol, frente a l, Lissa comenzó a comer delicadamente.
-Qu clase de lugar es ste? -preguntó Amalric-. T eres como ellos, y al mismo tiempo diferente.
-Dicen que soy como nuestros antepasados -repuso Lissa-. Llegaron hace mucho tiempo al desierto y
construyeron esta ciudad en medio de un enorme oasis en el que haba varios manantiales. Utilizaron
las piedras de unas ruinas de otra ciudad mucho ms antigua... sólo la Torre Roja...
Al decir estas ltimas palabras, la joven bajó la voz y miró inquieta hacia la ventana. Luego agregó:
-Era lo nico que haba quedado en pie. Estaba vaca...
Nuestros antepasados, los ghazalis -continuó-, vivieron en otra poca al sur de Koth. Eran conocidos
por su sabidura. Pero intentaron reavivar el culto a Mitra que los kothios haban abandonado haca
mucho tiempo, y el rey los expulsó de sus dominios. Entonces vinieron al sur en compa a de sus
esclavos shemitas. Muchos de ellos eran sacerdotes, eruditos, profesores y cientficos.
Construyeron Gazal -prosiguió la joven-, pero los esclavos se rebelaron en cuanto estuvo construida
la ciudad, y huyeron para mezclarse ms tarde con las tribus del desierto. No los trataban mal, pero
oyeron una vez en la noche... una palabra que los impulsó a abandonar la ciudad apresuradamente.
Mi pueblo vivió aqu y aprendió a producir su comida y su bebida con los pocos recursos de que
disponan -agregó-. Su sabidura era extraordinaria. Cuando huyeron los esclavos se llevaron todos
los camellos, asnos y caballos que haba en la ciudad. Desde ese momento se suprimió toda
comunicación con el mundo exterior. En Gazal hay muchas habitaciones llenas de mapas, libros y
escritos, pero todos tienen por lo menos novecientos a os de antigedad, que es el tiempo que
transcurrió desde que mi gente huyó de Koth. Desde entonces ningn hombre de fuera ha pisado
Gazal. El pueblo est destinado a extinguirse. Se han convertido en seres tan so adores que incluso
han perdido sus pasiones y apetitos humanos. La ciudad se desmorona y se convierte en una ruina y
nadie hace nada por repararla. Horror... cuando el horror llegó a ellos no pudieron huir ni luchar.
-Qu quieres decir? -preguntó Amalric en voz baja, sintiendo un escalofro.
El siniestro murmullo que producan los tapices al moverse despertaba en su alma oscuros terrores.
La joven movió la cabeza y se puso en pie. Se acercó a Amalric y apoyó sus manos sobre los hombros
del aquilonio. Los ojos de la muchacha estaban hmedos y brillaban de espanto, al tiempo que
ahogaba un grito en su garganta. Amalric le rodeó instintivamente la cintura con un brazo y sintió que
Lissa temblaba.
-Abrzame! -exclamó la joven-, Tengo miedo! Oh, he so ado tanto con un hombre como t! No
soy como mi pueblo. Son muertos que caminan por calles olvidadas, pero yo estoy viva. Soy clida y
tengo sentimientos. Tengo hambre y sed y amo la vida. No puedo vivir entre calles silenciosas,
habitaciones en ruinas y gentes como las de Gazal, aunque nunca haya conocido otra cosa. Es por eso
que escap. Deseo vivir...
Lissa sollozaba incontroladamente entre sus brazos. Los negros cabellos caan en suave cascada sobre
su rostro y su perfume lo mareaba. El firme cuerpo de la joven estrechaba el suyo. Estaba sentada sobre
sus rodillas, rodendole el cuello con sus brazos. Amalric la apretó ms contra su pecho y la besó
apasionadamente en la boca, ojos, labios, mejillas, cabellos, garganta... El joven aquilonio llenó todo
su cuerpo con besos ardientes, hasta que los sollozos de la joven cesaron. En la pasión de Amalric no
haba violencia. La pasión que lata en la joven estalló sbitamente como una ola. El globo dorado
que los alumbraba, empujado por los dedos temblorosos de Amalric, cayó al suelo y se apagó. Sólo la
luz de las estrellas se filtraba a travs de las ventanas. [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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